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¡Amate a ti mismo y comenzarás a realmente amar a los demás!
Bikram me ha enseñado a enamorarme de mi, entendí que no puedo
amar a otros sin antes amarme a mi mismo. Del mismo modo comprendí
que no puedo dar energía a otros si yo estoy vacío de energía, Bikram es la
estación de gasolina en donde cargo mi combustible.
Llegué a Bikram Yoga con mi orgullo arriba pero mi espíritu abajo, me acerque
por una invitación del ahora maestro Javier, las únicas dos clases que tomé fueron
realmente una verdadera tortura, no sabía si tirarme al piso o salir corriendo del
salón, así que decidí ya no regresar y continuar con mi práctica común en el
gimnasio, porque haciendo pesas me liberaba de la tensión de todos los días,
(que ciego estaba), pero mi salud iba de mal en peor, inclusive ya tenía un tic nervioso
en el ojo el cual me molestaba mucho. Javier me invitó de nueva cuenta, creo que me vio
muy mal en ese entonces, así que regrese a Bikram, ¡que horror, a la cámara de tortura!,
así que después de algunos meses regresé a tomar mi tercer clase, igual de espantosa que las
dos anteriores; sentía que me moría, pero no tuve tanta suerte. Terminé mi tercer clase y literalmente
arrastrándome llegué a las regaderas para tomar un baño “refrescante”, no paraba de sudar!, no tengo
idea de cómo pude llegar a mi auto si las piernas no las sentía. Iba manejando cuando de pronto me di
cuenta que el tic de mi ojo había desaparecido, ¡milagro!, jamás regresó, eso me hizo volver al día siguiente
a mi clase.
Claro que después de muchos años de practicar con pesas, mi cuerpo no era nada flexible y no podía hacer
las posturas, cuando mi maestro Ulises decía “brazos por arriba de la cabeza”, lo más que podía poner eran mi
manos sobre mi cabeza. Así pasaron mis clases yo sin poder hacer mucho, mi águila no llegaba ni a zopilote y
mi camello ni a burro y todo esto me frustraba, aunque físicamente me sentía mejor.
En una clase, mientras hacíamos la posición de parados en los dedos del pie (lo más que podía hacer en esta
postura era mirar el piso), pensaba en dejar Bikram por mi inflexibilidad (en lugar de enfocarme en mi clase);
de pronto escuche un vocecita al lado mío que me dijo “pon las manos en el piso ya casi llegas”, no me dio
tiempo ni de pensarlo y puse las manos en el piso, luego la vocecita dijo “ flexiona la rodilla y baja las caderas
no tengas miedo”, ¡hice la postura!, no lo podía creer, ¡logré bajar al piso!, esa vocecita era de un maestro que
es un diablo disfrazado de ángel ¡claro!, hablo de mi maestro Adrián. Parece que en ese preciso momento él
pudo leer mi mente fracasada y me hizo olvidar la idea de dejar Bikram.
Ahora puedo entender que nunca se es demasiado viejo, demasiado joven; demasiado gordo, demasiado
flaco; demasiado enfermo o demasiado inflexible para comenzar desde el escombro y desde ahí renacer.
Bikram y mi querido maestro Ulises ayudaron a que pudiera dar un giro de 360° a mi vida, ahora soy una
persona sana, quien puede mantener su espíritu arriba y su orgullo abajo.
Todo esto me llevo a querer ser maestro de Bikram y así poder ayudar a otros que como yo, quieren vivir
la vida sanos y llenos de energía.
Namaste
Roberto
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