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¡Saludos a todos mis adorados y torturados alumnitos!

Déjenme platicarles una historia. El año 2000 fue uno de esos “decisivos” en mi vida. Comencé a practicar las dos disciplinas que más me llenan como persona: el yoga y el teatro. Cursaba yo entonces la preparatoria en el Tec de Monterrey Campus Toluca. Comencé a practicar Kundalini Yoga, y poco después, en el Tec se abrió un taller de Hatha Yoga. No sólo continué mi práctica ahí, sino que además comencé a dar clases. A la par, el teatro, en el Tec y fuera de él (estudié además en la escuela de Germán Robles), me llevó a explorar distintas disciplinas de uso y expresión corporal, entre ellas, la técnica “Despertando desde el Cuerpo”, de la argentina Nora Fernández, a quien le aprendí a no hacerle caso a la “mente mentirosa”, a dejar de “comer de más y respirar de menos”, entre otras curiosidades.  

Una vez que terminé mi carrera (Ciencias de la Comunicación), viajé a Londres para estudiar teatro en la Real Academia de Arte Dramática. En una ocasión, una conversación que sostenían unas amigas viajó por el aire y llegó hasta mis oídos. “Vamos a la clase de yoga”, dijeron. Ni tardo ni perezoso, me acerqué a ellas y les pedí que me dejaran acompañarlas. Me respondieron “¡Claro!... nada más que hace un poquito de calor, es Bikram Yoga”. No les quiero platicar cómo me fue en mi primera clase. “¡Dios de mi vida! ¡Qué demonios estoy haciendo aquí!” pensé en no pocas ocasiones. Pero al terminar la clase me di un baño, y al caminar de regreso a nuestros dormitorios noté algo curioso. No caminaba: flotaba sobre el pavimento. Fue entonces cuando me di cuenta de que esta práctica era “lo mío”. Volví al día siguiente.

La vida da vueltas y vueltas. El teatro me llevó a Nueva York una vez que terminé la aventura londinense, y allí hay un estudio de Bikram en cada esquina, entonces no me fue difícil continuar mi práctica. Me uní al staff del estudio del Flatiron como becario, y comencé a ir todos los días. En alguna ocasión, un manager me sugirió que fuera a tomar el curso de certificación “Teacher Training” a Los Ángeles. El “gusanito” se me fue metiendo en el cerebro poco a poco, hasta que un día decidí ir. Poco después de mandar mi solicitud, Bikram anunció que cambiaría el curso a Hawai, y pensé “¡Uy, que lástima! ¡Nos tendremos que sacrificar!”.

Por supuesto, el Teacher Training fue una de las experiencias más intensas que he vivido (si alguno de ustedes tiene ganas de ir, ¡háganlo!) pero fue sólo la preparación para el verdadero reto: volver a México a dar clases. ¡Y vaya si he aprendido mucho desde aquella primera clase del martes 19 de junio de 2007!

Agradezco infinitamente todo lo que he aprendido de mis alumnos… ¡qué digo “alumnos”, de mis compañeros, amigos yoguis y yoguinis! Agradezco a Ulises la oportunidad de acompañarlo en esta aventura de arrancar Bikram Yoga en México, y de compartir los beneficios de esta práctica con todos, la cuál recomiendo ampliamente a cualquiera, sin importar edad, estado físico, mental, económico, emocional o espiritual. ¡El beneficio es para todos, aprovechémoslo!

Un abrazo muy grande.

Adrián