Si te pregunto: ¿Qué es lo mas importante en tu vida?, tu respuesta seguramente será algo como: mis hijos, mi pareja, mi trabajo, el dinero, la felicidad, Dios, la educación, la justicia, la salud, el planeta, el amor… en fin muchas cosas dependiendo de tu visión de la vida.
Pero reflexiona. La respuesta está en la pregunta. Lo más profundo, lo más transcendente, suele ser sencillo, obvio, sutil.
Cuando nos hacemos preguntas como ésta, buscamos lejos, creamos teorías complejas, analizamos infi-nitamente dando vueltas y vueltas al tema. Al final llegamos a una conclusión, pero en el fondo no nos sentimos satisfechos y empezamos de nuevo.
Es como cuando buscas algo que está perdido, lo buscas en los lugares mas increíbles, abres cajones, libros, abres puertas, debajo de camas, sillones. Buscas en tu mente, tratas de acordarte dónde puede estar… de repente volteas y está ahí frente a ti encima de la mesa.
El deseo intenso por encontrar algo limita tu percepción y hace más difícil el que encuentres lo que buscas. En cambio, si te mantienes simple, sencillo, relajado con la realidad, entonces te das cuenta que todo siempre está frente a ti.
Con esta visión relajada, observa una vez más, ¿Qué es lo más importante en tu vida?
Lo más importante es ¡Tu vida! Simplemente así es. Todo emana de tu vida.
Sin tu vida, no puedes ser padre o madre, pareja; no puedes trabajar, no importa si tienes o no dinero, salud, no puedes orar, no puedes actuar. ¡No puedes si quiera preguntarte qué es lo más importante en tu vida!
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Si aún no te has dado cuenta de esta realidad, que es sencilla, no algo filosófico y profundo; entonces lo más seguro es que tus prioridades estén “al revés”. Seguramente sientes que hay muchas cosas más importantes antes que tu vida. Pero date cuenta que sin tu vida, nada más existe.
Todos estamos inmersos en una corriente, en la vida ordinaria que hemos creado; dando vueltas como un perro persiguiendo su cola, sin detenernos a pensar. Desde pequeños nuestras vidas están llenas de actividades de las cuales, raramente hay alguna que cultive nuestra vida y nuestro bienestar holísticamente.
En las últimas décadas comenzó a surgir en el mundo occidental la cultura del deporte, de hacer ejercicio. Quizás este fenómeno nació de la intuición de que el estilo de vida que fuimos creando a través de los siglos está muy alejado de lo que, como seres, deseamos y necesitamos.
Pero aunque ahora hay miles de personas corriendo, nadando, montando bicicletas, en gimnasios; realmente, como humanidad no somos más sanos o más felices. La locura, la carrera en la que estamos, no se detiene, se acelera cada vez más. Estas actividades no cultivan la mente y nuestro espíritu. Quizás trabajamos las piernas, los brazos, un poco los pulmones, el corazón. Pero ¿y el resto de tu cuerpo? ¿Tu hígado, tu bazo, tu páncreas, tu tiroides, tus ojos, tu piel, tus articulaciones…? y ¿Tu mente?
Párate cualquier día en alguna calle de la ciudad de México a las 7:00 a.m. y pregúntate a donde van tantas personas. A “perseguir la chuleta” dijo mi amigo. ¿Y vivir? “Ya habrá tiempo para eso un día” —pensamos. Pensar así, como el resto de los 6 mil millones de humanos, es una locura, es ridículo, pero sobre todo es una gran tristeza. De los que van por la calle a esa hora, unos pocos van sonriendo, en paz, comple-tamente sanos, jóvenes, llenos de vitalidad ¡van a su clase de Bikram Yoga! |
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